¡Viva el mar! La oposición a proyectos de Equinor en Noruega

Hernán Scandizzo (Observatorio Petrolero Sur  –
Foto: Folkeaksjonen oljefritt Lofoten, Vesterålen og Senja

En los primeros años del 2000 las alarmas se encendieron en el norte de Noruega cuando Equinor anunció que perforaría el segundo pozo exploratorio. La petrolera emblema del país estaba decidida a avanzar sobre las aguas de Lofoten, Vesterålen y Senja (LoVeSe) en áreas tradicionales de pesca. Algunas organizaciones ambientales pusieron como prioridad detener el proyecto, en simultáneo, las organizaciones de pescadores empezaron a tomar posición. Esa lucha contra la ampliación de la frontera petrolera en el mar es referencia a nivel mundial porque logró frenar el proyecto. Ese triunfo también inspira la oposición a Wisting, otro proyecto de Equinor en territorio noruego.

Por Hernán Scandizzo. El otoño está comenzando, por momentos el sol asoma para volver a esconderse entre las nubes. Sopla algo de viento y el aire está frío. Bente Lorentzen es una de las referentes de la Folkeaksjonen oljefritt Lofoten, Vesterålen og Senja (Acción Popular por un Lofoten, Vesterålen y Senja libre de petróleo) y nos recibe en la sede de la organización, en Kabelvåg. Kine Fristad, del Latin-Amerikagruppene i Norge (Comité Noruego de Solidaridad con Latinoamérica), oficia de traductora; permite conocer de primera mano la lucha para frenar un proyecto de Equinor en su propia casa. Más tarde, Mina Rosenvinge se suma a la charla, ella también forma parte de la Folkeaksjonen.

Detener a Equinor fue un proceso de varios años, casi dos décadas, y en el camino se involucró toda la comunidad, incluso sectores que en un principio vieron con agrado que se desarrolle la actividad petrolera. Es un poco difícil decir qué vino primero, pero cuando las poblaciones locales nos dimos cuenta de todo eso [los impactos del proyecto], nos empezamos a preguntar cómo podíamos pararlo.” La primera demanda fue exigir audiencias públicas en las diferentes localidades, para que la población pudiera opinar sobre lo que iba a pasar. “Cuando la demanda empezó a llegar a la política local, a los partidos, nos dimos cuenta de qué hacer para ser escuchados. Empezó a nacer la idea de crear una folkeaksjonen [acción popular]”. Un espacio donde confluyen personas de diferentes ámbitos, clases, con otras militancias o sin militancia alguna; todas con un objetivo específico, en este caso, impedir que avance la actividad petrolera.

Fuente: El Español

La acción popular

“Las empresas petroleras estaban mirando hacia el norte, porque las áreas donde se está explotando actualmente se están vaciando”, comenta Bente. En un principio eso creó cierta expectativa, dado que en el norte de Noruega está disminuyendo la población y la actividad petrolera aparecía como una posibilidad de que la región volviera a crecer.

En 1994 se hizo el estudio de impacto ambiental del proyecto exploratorio en Lofoten, pero no generó mayor atención. Ese año se debatía el ingreso de Noruega a la Unión Europea, hubo un plebiscito, y también el país fue sede de los XVII Juegos Olímpicos de Invierno. Esos temas concentraron la atención pública. Hacia 2000, recuerda Bente, Equinor obtuvo el permiso para perforar dos pozos exploratorios. En el primero no encontraron nada, y cuando la empresa se disponía a perforar el segundo, las organizaciones ambientales Natur og Ungdom (Jóvenes y Naturaleza) y Bellona, junto con un pescador local, lograron paralizarlo. Serían intervenidas zonas donde desovan especies centrales para la actividad pesquera. En 2006 el Plan de manejo del Mar de Barents y de Lofoten, confirmó lo que decían los pescadores, las áreas donde se proyectaba la exploración eran muy importantes para la pesca, y muy vulnerables.

Por esos años se conformaron las acciones populares en Lofoten (Lofotaksjonen) y Vesterålen (Vesterålsaksjonen), que articulaban acciones conjuntas y en enero de 2009 confluyeron en la Folkeaksjonen oljefritt Lofoten, Vesterålen og Senja. “En ese proceso tuvimos mucha ayuda de otras organizaciones ambientales noruegas”, señala Bente, y subraya que cuando se estaba fundando la folkeaksjonen, decidieron que debía tener alcance nacional. “La gente que no vivía en la región también tenía derecho a opinar, porque se trata del futuro de Noruega y de cómo se relaciona con el uso sostenible de los recursos. Si queremos ser una nación que únicamente piensa en el lucro de corto plazo, con el petróleo, o si pensamos en manejar los recursos de una manera más de largo plazo y sostenible, con la pesca, por ejemplo”, explica. (“Llevamos mil años pescando y podremos pescar otros mil años más con un buen manejo de la pesca”, me había dicho horas antes en Ballstad, el pescador Børge Iversen, también integrante de la Folkeaksjonen.)

Foto: Folkeaksjonen oljefritt Lofoten, Vesterålen og Senja

“Hicimos muchísimas asambleas, en cada municipio, en cada pueblito. Había una necesidad de la población de entender qué tipo de consecuencias iba a tener [el proyecto petrolero] para toda la región”, señala Mina. Luego agrega: “Se hablaba de puestos de trabajo, pero [quienes promovían la explotación] no llegaban con información concreta. Desde el inicio fue muy importante hacer asambleas para poder llegar con más información”. En 2021 más de 7 mil personas integraban la folkeaksjonen.

Resistencia y negociación

La creación de una organización nacional, destacan Bente y Mina, fue importante para poder incidir en las políticas nacionales, llegar a los partidos más pequeños y poner el tema en la agenda pública. En países con sistema de gobierno parlamentarista, como es el caso de Noruega, los partidos pequeños con representación parlamentaria tienen mucho peso al momento de definir las coaliciones de gobierno y sus agendas. La oposición a la explotación de hidrocarburos en Lofoten, tomada como bandera por partidos pequeños, era una vía para garantizar que el proyecto hidrocarburífero no avanzara: impulsarlo generaría desacuerdos en la coalición de gobierno.

“Era importante que los partidos políticos pequeños se sintieran un poco dueños del caso pero, para que ellos pudieran apropiarse, era importante que la resistencia local fuera real”, apunta Bente. Esa resistencia se expresó en movilizaciones, murales, festivales artísticos y petitorios [en 2009 juntaron 53 mil firmas por LoVeSe libre de petróleo]. “No se podía hablar en contra de ese desarrollo en el Parlamento mientras que la población local estuviera a favor. Eso era importante para poder trabajar en conjunto con los partidos”, acota.

La sede de la Folkeaksjonen está en una esquina céntrica de la localidad, hay una mesa de reuniones, publicaciones y también remeras, buzos, gorras, postales referentes a la lucha en defensa del mar. El merchandising que también contribuyó a dar visibilidad a la lucha en todo Noruega. “Fue muy importante trabajar en la campaña política antes de las elecciones para poner el tema en la agenda y dar un impulso a los partidos pequeños para que lo pudieran levantar en las negociaciones si iban a formar una coalición. Y puede ser que la campaña haya contribuido a que cierta gente vote a los partidos pequeños para darle más importancia en las negociaciones”, explican. Lograron su objetivo: entre 2009 y 2021 ninguna de las diferentes coaliciones de partidos que llegaron al gobierno, de derecha o socialdemócratas, intentaron avanzar con el proyecto.

Foto: OPSur

¿En qué momento tuvieron la certeza de que habían ganado, de que la decisión de no avanzar en Lofoten era irreversible? Un hecho importante fue que en 2019 el Partido de los Trabajadores, el más grande de Noruega, decidiera que no iba a promover la explotación petrolera en Lofoten. Tanto al interior de ese partido como del movimiento sindical había un sector a favor de ampliar la explotación petrolera a esas áreas y otro que no. Eso generó una tensión interna y acabó en un acuerdo: no en Lofoten. Pero, tanto Bente como Mina destacan que el nivel de adhesión popular es la única garantía de que no avance el proyecto, esa adhesión hace irreversible la decisión.

A pesar de la derrota sufrida en Lofoten, Equinor sigue mirando hacia el norte en busca de nuevas áreas, actualmente apuesta por la explotación del yacimiento Wisting, en el mar de Barents, a 300 km de la costa (Finnmark). Como en el caso de Lofoten, diferentes sectores rechazan este proyecto. Recientemente se conformó una amplia alianza de organizaciones y juventudes de partidos políticos para luchar por un Ártico libre de petróleo. Otra página en la historia de luchas en defensa de los territorios está siendo escrita. Leve havet (¡Viva el mar!).

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